El negocio menos esperado

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Nunca conocí una persona más indecisa que mi primo Román, estudió tres carreras distintas y ninguna la terminó ya que se dio cuenta que no estaba destinado a ellas, al menos eso nos decía, pues no se veía trabajando en ninguna de esas áreas. Tomo cursos de computación, literatura, actuación y nada. Trataba de buscar algo que le apasionara y no lograba encontrarlo. Pedía consejos a profesores, a integrantes de la familia, amigos, entre muchas otras personas más. Sin embargo, la respuesta siempre la tuvo enfrente de sus ojos, literal. Una día fuimos a beber una cervezas y en la noche decidimos ir por unos tacos, su comida favorita. Mientras degustábamos unos de pastor, tripa y suadero, le dije: “Si amas los tacos, pues dedícate a vender tacos”. Como si fuera una escena donde el Wilson dice algo y al Doctor House le llega una idea mágicamente. Algo así sucedió.

“Voy a vender los mejores tacos de México”, me dijo. Yo le comenté que sólo había sido una broma, que ya existen miles de negocios y que sería difícil lograr sobresalir y subsistir. Pero al parecer él ya estaba decidido a hacerlo, yo preferí esperar a que el tiempo volviera a hacer de las suyas y mi primo desertara, como lo hizo ya con sus carreras anteriores. Al parecer estaba equivocado, pues mi tía me platicaba lo metido que estaba Román, quien consiguió un préstamo y los permisos correspondientes para poner un local y además brindar servicios de taquizas a domicilio. La verdad es que no le generó muchos ingresos y en cuanto recuperó su inversión y pagó sus deudas, decidió poner una pausa, pero para estudiar gastronomía, carrera la cual terminó y con honores. Fue uno de los mejores de su clase.

Al salir de la universidad ya conocía más sobre los alimentos de México y el mundo, además que seguía metiéndose a cursos y fue hasta que entró a un concurso donde presentó unos tacos, los cuales no ganaron, pues al parecer creen que es un alimento muy sencillo de preparar, pero he de confesarles que estaban deliciosos, de los mejores que he probado en mi vida. Bueno, pues uno de los jueces, un hombre de unos 50 años originario de Bélgica, quedó fascinado y lo invitó a ser chef en su restaurante, pero tenía que mudarse a aquel país. Mi primo, sin pensarlo, aceptó la oferta y se arriesgó a empezar una nueva vida en el continente europeo. Mis tíos estaban muy orgullosos de él, por fin encontró su pasión y todos los desazones que les ocasionó al dejar sus carreras se vieron retribuidos con esta decisión.

Hoy, mi primo es muy conocido en Europa por los tacos que prepara, sigue en Bélgica, pero ha dado cursos y conferencias de cómo un taco puede ser para todas las clases sociales, ya que se puede ser considerado un alimento común y corriente, pero si se sabe preparar puede convertirse en un platillo digno de la realeza. Nunca olvidó a su México y siempre lo plasma en sus platillos, además de que genera grandes ingresos que le permiten mantener a su nueva familia allá en Bélgica, a sus padres y se dio el lujo de regalarme un auto último modelo, pues cree que yo fui su guía espiritual que lo orillé a estar donde está ahora.