Terror a las bacterias y los virus

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Ya había escuchado de la gente que le teme a enfermarse, que tiene una obsesión por limpiar todo ya que le aterra enfermarse, así como los virus y las bacterias. Son esas personas que temen contagiar y ser contagiados de alguna enfermedad, por lo que se vuelven obsesivo compulsivos en este tema. Sin embargo, yo nunca había conocido a alguien en persona que sufriera de estos trastornos, hasta el fin de semana pasado, cuando un amigo me llamó para pedirme de favor que lo acompañara a unos laboratorios, ya que debían hacerle unos estudios a uno de sus primos, quien tiene sufre de esto y es muy difícil de cuidar. Como es uno de mis mejores amigos decidí acompañarlo, no pensaba que fuera tan complicado cuidar a una persona así.

Cuando llegué al laboratorio donde se le realizarían las pruebas, de inmediato reconocí a mi amigo y supuse que la persona que estaba junto a él era su primo, ya que llevaba puesto un cubre bocas como el que usan en las construcciones o en investigaciones bactereológicas, de esos que parecen conchas que cubren las partes blanda de los hombres en algunos deportes de contacto. Además usaba guantes de látex blancos, llevaba una bolsita como la que usan los futbolistas (creo que se llama mariconera o algo así) y portaba unos lentes, supongo que esos eran porque no ve bien. Saludé a mi amigo con apretón de manos y abrazo, me presentó a su primo y al saludarlo quitó la mano apenas sintió el contacto y agregó un: “Mucho gusto”.

Mientras platicaba con mi amigo en la sala de espera, de reojo veía a su primo, quien volteaba a todas partes y con una mano se apretaba el cubre bocas, movía el pie con desesperación, como si estuviera tocando la batería y respiraba con rapidez, con nerviosismos, denotando su deseo de ya quererse ir. Lo peor fue cuando una mamá con su hijo pasó frente a nosotros, cuando de pronto el niño estornudó muy cerca de nosotros. El primo de mi amigo se levantó de golpe, gritando “que asco, aléjese”. En seguida mi amigo lo controló y yo me acerqué a la señora para ofrecerle una disculpa y explicarle brevemente que el chico tenía un problema que estaba trabajando. Cuando regresé al asiento, el primo se había quitado los guantes, tirado a la basura, se había echado gel antibaceterial y puesto unos guantes nuevos que traía en su bolsita. Ahí fue cuando me di cuenta de la magnitud de este problema.

Cuando el chico entró a realizarse los estudios, mi amigo me contó que a lugares muy concurridos no puede ir solo, ya que ha habido ocasiones en las que le dan ataques de ansiedad y queda en shock, incluso una vez se desmayó. Le pregunté cómo había adquirido esta condición y no me dio ninguna respuesta, no lo sabía, pero ya estaba siendo tratado por especialistas en la materia, incluso me dijo que ya estaba un poco mejor, que antes era mucho peor, que estar en un laboratorio era impensable. Vaya, que dura ha de ser vivir con un trastorno como este.